LAS ELECCIONES MUNICIPALES QUE SE CELEBRABAN EN LA ROMANA A PRIMEROS DE S.XX

 

En las primeras décadas del siglo XX, el actual término de La Romana era una barriada de Novelda compuesta por un conjunto de caseríos dispersos en el territorio cuyas distancias se salvaban en carruaje o a pie, a través del camino vecinal y otros caminos secundarios. La población romanera representaba cerca del 20% del total de los 11.440 habitantes que residían en el término municipal de Novelda. El Alcalde de Novelda designaba al alcalde pedáneo de La Romana , siendo los primeros del siglo XX: Vicente Santo Jover (1900) y Simón Beltra Martínez (1903).

Hacía 30 años que se había establecido en España la «Restauración Borbónica», tras la disolución de la I Republica, configurando un modelo de Estado que curiosamente guarda cierto parecido con el que tenemos hoy en día.

La Constitución de 1876 instituía una Monarquía Constitucional Parlamentaria, en la cual el Rey, además de las funciones de Jefe del Estado, también ejercía el poder ejecutivo. El poder legislativo recaía en un sistema bicameral integrado por los representantes electos de los dos partidos políticos que se turnaban en el poder: Los Conservadores de Cánovas (por la derecha) y los Liberales de Sagasta (por la izquierda).

A partir de la muerte de Cánovas y de Sagasta, cada uno de estos dos partidos monárquicos lo integraban diversos grupos enfrentados internamente. Los partidos políticos no eran partidos de masas, tal como los conocemos hoy, con sus sedes, agrupaciones, y afiliados. Se trataba de la reunión de varios líderes políticos con sus respectivas clientelas, sus órganos de prensa, sus apoyos locales. Más que a una ideología, se defendía el interés particular. Así, cada uno de estos políticos lideraba una facción.

La misión del líder era mantener unidas a las diferentes facciones del partido, y repartir los beneficios del poder equilibradamente entre ellos. Si un partido perdía la unidad interna mientras estaba en el gobierno (es decir, cuando las ‘familias políticas' del partido en el poder se dividían), el monarca retiraba la confianza al presidente del gobierno y encargaba dicho cometido al jefe de la oposición, cambiando automáticamente a los gobernadores civiles y a los alcaldes para fabricar una nueva mayoría, convocando elecciones mediante lo que se conocía como "Decreto de disolución". La política de Estado consistía, pues, en tejer una red clientelar piramidal, en cuya base los caciques locales ejercían la presión necesaria sobre el electorado (empleados, subordinados, arrendados, ignorantes…) para engañarles o coaccionarles a un voto interesado.

EL AYUNTAMIENTO DE NOVELDA

El Ayuntamiento de Novelda lo constituían 17 concejales elegidos, al igual que ahora, a través un proceso electoral. A partir de 1903 el número de concejales se amplió a 18 debido al incremento de población noveldense.

El 1 de enero de los años pares se investía el nuevo Ayuntamiento, tras el resultado de las elecciones locales celebradas a finales del año anterior. Un concejal podía ser Alcalde, Teniente de Alcalde (uno por cada distrito electoral) o Regidor (dos de ellos síndicos).

De entre todos los concejales electos, el alcalde era nombrado por Real Orden y podía ser sustituido en cualquier momento. De acuerdo a intereses partidistas, el Gobernador provincial o el Presidente del Gobierno podía nombrar un nuevo Alcalde de entre aquellos que gozaran de su confianza o la de sus cargos. Para ello eran frecuentes las prácticas de abrir procesos judiciales, justificados o no, con objeto de suspender de su cargo a concejales o al propio Alcalde. «En Novelda existen muy pocos concejales que no hayan sido suspendidos en sus cargos; y sin embargo ¿Cuántos de ellos han ido a la cárcel por los motivos por que fueron empapelados? Son estos procesos y expedientes medios legales de que se valen los caciques de los pueblos para procurarse mayoría en los ayuntamientos y así andan, por regla general, los municipios españoles.» (Periódico Unión Republicana. 23/03/1907). Es de destacar que entre 1903 y 1907 en Novelda se turnaron en el sillón de mando hasta 8 alcaldes.

Cuando era elegido un nuevo alcalde, la primera medida que adoptaba era la de cesar a los empleados públicos designados por el anterior y emplear a los suyos.

CONVOCATORIAS ELECTORALES

A diferencia de lo que hoy ocurre, no se elegían a la totalidad de los concejales (18) en unas mismas elecciones, sino que en cada convocatoria electoral se votaba para elegir a 9 de ellos ( las 9 vacantes que dejaban los concejales electos hacía 4 años o “del tuno de salida” ), permaneciendo en el cargo los otros 9 que habían sido votados dos años antes. De este modo, la mitad del Ayuntamiento se renovaba cada dos años, si bien cada concejal ocupaba su sillón por un periodo de cuatro.

Cada dos años se convocaban, como mínimo, tres procesos electorales: Para concejales, para diputados provinciales y para diputados a Cortes, dentro de la circunscripción Novelda-Monóvar. Pero, a pesar de las numerosas convocatorias electorales, este derecho era coartado por las prácticas abusivas de poder que dirigían los caciques locales sobre las clases pobres y analfabetas. Los resultados electorales eran ajenos a la voluntad de la mayoría de la población. El pueblo era una marioneta analfabeta, manipulada, despolitizada y conformista: «Los inconscientes, esos que van a emitir su voto sin saber lo que se hacen ni el daño que a sí mismo se causan, son en Novelda los más numerosos pero también los menos nocivos (…) Disculpa merecen los que, por incultura o por no perder el pan suyo y de sus hijos, van como corderos a depositar en la urna electoral la papeleta que les dio el amo. (…) Pero en Novelda hay muchos, muchísimos caballeros que, fuera de sus asuntos particulares, les importa un bledo todo lo demás.» ( Francisco Fernández Grau. Unión Republicana. 14 de Octubre 1905).

LAS ELECCIONES EN EL CAMPO DE LA ROMANA

El tío Tomás y su hijo Tomaset defensores en Novelda de la corriente de Segismundo Moret (menos progresista) dentro del Partido Liberal.
Antonio Gómez Tortosa. Político de Novelda que lideraba la corriente de José Canalejas (más progresista) dentro del Partido Liberal.

Hasta las elecciones municipales de 1903, el censo electoral noveldense se repartía en tres distritos, en el último de los cuales (el tercero) se inscribía a los vecinos de los Barrios de La Romana y San Roque. A partir de entonces, debido al incremento de población, el número de distritos se amplió a cuatro, el último de los cuales se denominó «Campo de La Romana ». En este distrito se elegía a 4 de los 18 concejales del Ayuntamiento de Novelda, uno de los cuales era nombrado teniente de Alcalde. El primer teniente por el nuevo distrito romanero fue Silverio Jover Payá, acólito de “el tío Tomás”, cacique noveldense.

La jornada electoral solía celebrarse el segundo domingo del mes de noviembre de los años impares. Las primeras elecciones municipales del Siglo XX se celebraron el 10 de noviembre de 1901, el 8 de noviembre de 1903 y el 12 de noviembre de 1905. Los interventores debían presentarse a las 6.30 de la mañana. Las mesas se constituían a las 7 y la votación comenzaba a las 8, prolongándose hasta las 4 de la tarde.

Cada uno de los cuatro distritos electorales contaba con dos secciones. En el “Campo de La Romana ” se ubicaban de la siguiente manera: La sección 1ª, en la Escuela de niños del caserío y la Sección 2ª, en la Escuela de niñas del caserío.

Las urnas eran de cristal transparente. Los casi 500 electores romaneros debían depositar una papeleta con el nombre de uno de los candidatos que concurrían para la elección de las dos vacantes de concejal que les correspondía elegir cada dos años.

Podía votar el varón mayor de 25 años residente al menos dos años en el distrito. Si bien inicialmente el voto era un derecho, a partir de 1907, tras la aprobación de la nueva ley electoral, el voto se convirtió en una obligación: Al elector que sin causa justificada no fuera a votar, se le señalaba públicamente y era castigado duramente con una multa del 2% de su contribución. Además no se le permitía desempeñar cargos públicos.

No podían votar los asilados ni aquellos pertenecientes a los cuerpos de Vigilancia y Seguridad municipal dependientes del municipio. El elector se identificaba por la cédula personal o por testimonio de otros electores de la misma sección. Este derecho al voto era coartado por las prácticas de poder que dirigían los caciques locales sobre las clases pobres y analfabetas, bajo amenazas o engaños. Para evitar la suplantación del voto o la influencia sobre aquellos a los que por su modesta condición no gozaran de la independencia, se aconsejaba votar en seguida comenzara la jornada.

El de La Romana solía ser un distrito tranquilo y, al parecer, se cumplían las voluntades caciquiles sin mayores sobresaltos. Así lo atestiguan diversas crónicas periodísticas de la época, como la publicada tras las elecciones para Diputados a Cortes en septiembre de 1905: «En el distrito 4º (Campo de La Romana ) hubo el tradicional arreglo; se repartieron nuestros hombres el censo y a vivir». Otra crónica aparecida en 1907, tras las elecciones para Diputados a Cortes Generales, confirmaría la costumbre del reparto de votos «En el distrito 4 (Romana), como de costumbre en la mayoría de las elecciones, hubo arreglo entre los contrincantes y a las once de la mañana del domingo ya se decía por Novelda el número de votos» ( Unión Republicana. 27/04/1907)

Los candidatos que se presentaban por el distrito romanero eran del partido liberal, bien del grupo “tío Tomás” o bien del grupo de “Gómez Tortosa” (corriente más progresista). En 1903 la coalición republicana-obrera también presentó su candidato aquí, el agricultor Antonio Martínez Abad; que poco pudo hacer ante el control ejercido por el poder caciquil establecido.

En el campo de La Romana tenía su casa de campo el "tío Tomás", y a través de su red clientelar encabezaba por Silverio Jover Payá, controlaba la voluntad de los electores romaneros. En una publicación republicana de Novelda describían a este romanero como «Corredor, llaurisio, amigo de Tomás, y pastor del rebaño humano de la Romana , por donde ha sido elegido. Es la primera vez que ocupa la concejalía. Debe estar muy al corriente de las cabañuelas y demás almanaques campesinos, pero de administración municipal… ni esto. Sin embargo creemos que los habitantes del caserío de la Romana han obrado muy cuerdamente enviando al Ayuntamiento a uno de sus convecinos. Silverio es una hormiguita y si quiere, algo puede conseguir, con su gramática parda, que resulte beneficioso a la Romana». Otra referencia de este personaje la encontramos en el mismo semanal tras las elecciones para Diputados a Cortes de septiembre de 1905: « Las costumbres políticas del llaurisio Silverio son del agrado de nuestros monárquicos y hasta los demócratas pasan por ellas. Verdad es que si no pasaran ya se encargaría el caciquillo de La Romana de apropiarse de sus votos y los de los demás. Diógenes no encontró, con su linterna, el hombre que buscaba; pero Tomás Abad sí ha encontrado a Silverio en La Romana. Y Silverio era el hombre que Tomás buscaba»

De este modo, en las elecciones de 1903, los dos concejales electos por el distrito de La Romana fueron los dos candidatos que presentó el “tío Tomás”: José Navarro Pastor (170 votos) y Silverio Jover Ayala (195 votos), que sería nombrado cuarto teniente de alcalde.

La jornada electoral de noviembre de 1905, marcada por el duro enfrentamiento entre los "tomasistas" y los "gomeztortosistas", se desarrolló con numerosas las irregularidades, lo que obligó a repetir las elecciones en uno de los distritos de la capital del municipio ("La plaza"). Sin embargo en La Romana, lejos de la fuerte disputa y escarnecimiento que se daba en la ciudad, se vivió con total normalidad: Cada uno de dos los grupos presentó en el campo de La Romana un único candidato, de manera que se aseguraban una de las dos plazas vacantes por este distrito. El hijo de Tomás Abad planeaba presentarse por el distrito de la Plaza , pero quiso asegurarse la concejalía y optó por presentar su candidatura aquí. El resto de los grupos ni se molestaron en presentar candidatos, por lo que los resultados estaban claros antes de la votación: Tomás y Gómez Tortosa obtendrían de este caserío un concejal cada uno. A pesar de ello, los resultados no pudieron ser más ajustados: Votaron 489 romaneros, de los cuales 245 votos fueron para los "tomasistas", superando a los "gomeztortosistas" por 1 voto de diferencia: «En el distrito de La Romana no había duda sobre el resultado. Para las dos vacantes que correspondía cubrir ser presentaban dos candidatos. Temían los tomasistas que sus contrarios les jugasen una mala partida a la hora del escrutinio; pero ni se intentó, no llegó a realizarse y se verificaron todas las operaciones con perfecta legalidad» . (Unión republicana. 18 noviembre 1905)

Estas elecciones marcaron el inicio del traspaso del feudo romanero de los liberales «tomasistas» a los liberales «gomeztortosistas», tras la adquisición por parte de su suegra de las fincas y las propiedades en caserío de los herederos del marqués de La Romana.

Como Diputado provincial, el Conde de Gómez Tortosa incrementará su influencia entre políticos locales, provinciales y nacionales. Y gracias a todo ello el caserío de La Romana se beneficiaría de sus iniciativas políticas: El 15 de noviembre de 1907 el Congreso de los Diputados aprobó una proposición de ley en la que se incluyó en el plan general de carreteras, una que, partiendo de Pozoblanco, y pasando por Novelda, La Romana y Algueña, enlazara en el Rodriguillo con la de Pinoso. «Vía de comunicación tan beneficiosa para estos pueblos la deberemos, en primer lugar, (y nos complacemos mucho en consignarlo así), a nuestro paisano D. Antonio Gómez Tortosa. Mucho antes de figurar en política, oímos varias veces hablar al Sr. Gómez Tortosa de la necesidad de esta carretera, y después, siendo ya jefe de los canalejistas de la localidad, prometió trabajar sin descanso por la realización de esta mejora. Y a Canalejas, a Francos Rodriguez, a Diaz Moreu, a todos sus amigos políticos ha venido desde entonces recomendando la carretera que nos ocupa, consiguiendo, al fin sus plausibles deseos. D. Antonio Gómez Tortosa debe, pues, figurar en primera línea entre los que han contribuido hasta ahora, y contribuyan después, a la realización de esta importantísima mejora» (Unión republicana. 23 de noviembre de 1907).

Rafael Gómez Maestre. Concejal elegido por el distrito de La Romana, fue Alcalde de Novelda en 1912

Otra iniciativa de los gomeztortosistas para mejorar la vida de los romaneros fue el acuerdo que impulsaron a finales de 1907 desde el Ayuntamiento de Novelda (a propuesta de su hermano Daniel Gómez Tortosa), para que los médicos titulares fueran dos días por semana a prestar sus servicios a los enfermos pobres de La Romana «Nos parece acertado el acuerdo puesto que no había razón alguna para que los vecinos de aquel populoso caserío que pagan sus atenciones municipales, no disfruten de la asistencia médica que les corresponde. ¡Ah! El concejal de la Romana , Silverio Jover, no ha llevado vela en este entierro. Tomen nota de ello los vecinos de la Romana » (Unión republicana. 7 de diciembre de 1907)

Como dato curioso puede señalarse que, de acuerdo con las fuentes consultadas, el primero de los concejales electos por el distrito de La Romana que logró alcanzar la alcaldía de Novelda fue Rafael Gómez Maestre, del grupo de Gómez Tortosa, que siendo elegido concejal en las elecciones de 1911, y tras la dimisión del entonces alcalde Eustaquio Abad Escolano, también del grupo de Gómez Tortosa, tomó posesión como Alcalde de Novelda el 30 de agosto de 1912.

LA POLÍTICA "DEL TÍO"

La «política del tío» era una expresión que utilizaban los republicanos noveldenses de aquellos años para referirse a que los votantes monárquicos no defendían un partido, una ideología o un modelo de sociedad, sino a un determinado «tío» o cacique. Esta manera de entender la política era objeto de frecuentes críticas: «En Novelda, excepción hecha de los republicanos y unos cuantos hombres, pocos, que, de buena fe, defienden la monarquía creyendo que la forma de gobierno es cosa secundaria, la casi totalidad de sus habitantes son políticos del tío X o del tío Z. Y si no preguntad a vuestros paisanos qué idea política profesan y os contestarán: “Yo soy del tío Eulano”. Y no preguntéis más porque nada más os dirán. ¿No creen los del tío que en su dignidad política y sus derechos como hombres libres se resienten con su modo de ser y obrar? Porque si al menos, al ser del tío, lo fueran por una idea que éste sustentara, nada tendríamos que objetar; pero todo lo contrario: lo mismo son del tío siendo este conservador, que liberal, que republicano, que carlista; su veleta política señala siempre la dirección que le marca el aire de los tíos. Y así andamos, por culpa de los sobrinos, el resto de la familia.» ( La Política de los TIOS. Unión Republicana. Novelda, 29 noviembre de 1903)

Estos “TIOS” raras veces competían de manera independiente sino que, a través de alianzas entre ellos, pactaban las candidaturas a presentar en cada distrito para la elección de concejales, en función de los votos que cada uno de ellos era capaz de conseguir. Estos pactos entre jefes, que nada tenían que ver con una determinada ideología o modelo de sociedad, se hacían y se deshacían continuamente, en función de las circunstancias de cada momento: Una vez se celebraban las elecciones, y de acuerdo con el número de concejales de los que disponía cada uno de ellos, volvían a establecer nuevos pactos, rompiendo los anteriores, para satisfacer de nuevo sus intereses. «La cuestión es mandar; para conseguirlo harán nuestros políticos todo cuanto sea necesario. Esto han venido haciendo hasta hoy y lo mismo harán en adelante» (Unión Republicana. octubre de 1904)». Todo ello representaba una estructura piramidal de poder, donde la habilidad de una minoría para lograr votos y pactos determinaba el futuro de las mayorías.

A las elecciones locales de Novelda concurrían, principalmente, los candidatos de las diferentes facciones de los dos partidos monárquicos (liberales y conservadores) y como alternativa, el partido republicano, que en 1903 se presentó en coalición con la Sociedad Obrera la Emancipación , de reciente constitución: «La coalición obrera-republicana de Novelda no representa abdicación de ideas; ni el obrero hace profesión de fe republicana ni el republicano renuncia a su ideal político; vamos a prestarnos mutuo apoyo, por afinidad de ideas, para luchar en unas elecciones municipales combatiendo al enemigo común; al monárquico para nosotros; al burgués para ellos y al cacique para todos» (José Mira Cantó. 25 octubre 1903. Unión Republicana).

 

PROGRAMA ELECTORAL DE LA CANDIDATURA REPUBLICANA-OBRERA PARA LAS ELECCIONES MUNICIPALES DE 1903

1º Supresión del impuesto de consumos, haciendo por reparto aplicado a la propiedad la recaudación de la suma que por tal concepto paga Novelda.

2º Supresión de las partidas que figuran en el presupuesto de gastos para sufragar funciones religiosas, pues el culto romano tiene en Novelda devotos riquísimos que no dejarían fenecer la pompa y fastuosidad de estos actos, funciones que resultan muy bonitas para los que de ellas se aprovechan pero soberanamente inútiles para los que tienen el estómago vacío.

3º Promulgación de las ocho horas de trabajo para todos los obreros que dependan del municipio

4º Supresión de la partida de imprevistos, (o de reptiles), y todo cuanto represente rémora o pueda ser motivo de filtración o desfalco.

5º Crear una caja de reserva para calamidades públicas sirviendo dichos fondos para dar trabajo a los jornaleros en casos de crisis y para socorrer las necesidades más perentorias de la clase trabajadora en momentos anormales o bien en casos de enfermedad o epidemias.

6º Crear una comisión inspectora que se ocupe exclusivamente de las necesidades sociales, siendo de su competencia estudiar la manera de que no existan obreros sin trabajo y proponer el abaratamiento de los artículos de primera necesidad, llegando hasta ponerlos el Ayuntamiento si la causa de la carestía obedece a excesivas ganancias del comerciante.

 

Los 6 grupos locales vinculados a los dos partidos monárquicos (Liberal y Conservador) que competían por los votos puestos en juego en el municipio estaban liderados por los siguientes prohombres o caciques:

•  Cuatro grupos políticos por parte del Partido Conservador: el grupo de Juan Navarro “El tío Chuan”, el grupo de Jaime Cantó, el grupo de Gregorio Rizo y el grupo de Vicente Rizo

•  Dos grupos políticos por parte del Partido Liberal: El grupo de Tomás Abad Alenda (representante de la corriente conservadora de Segismundo Moret) y el grupo de Antonio Gómez Tortosa (corriente progresista de José Canalejas)

LOS CACIQUES

El cacique era un oligarca local cuyo poder procedía de sus propiedades rurales y de los servicios prestados a su partido. El abogado o terrateniente se convertía, como político nacional, en el representante de su región, y defendía los intereses de su partido. Creaban clientelas a la que protegían de la justicia, los impuestos o las obligaciones militares. Y a cambio, estas clientelas controlaban los resultados electorales y les conseguían el poder local. « Seguimos igual que hace diez años. Los pastores de la política local; los Tomás, tío Juan, Rizo y Compañía continúan disponiendo de sus respectivos rebaños, (que, dicho sea de paso, cada día suman mayor número de cabezas), y de los pastos de todos; de los muchos que figuran en estos ganados humanos y de los pocos que tenemos el valor de no ser políticos del tío. Y no es lo peor que esto ocurra hoy, sino que tenemos para rato»

El cacique que controlaba la alcaldía en el momento en que se convocaban las elecciones controlaba el proceso electoral de los comicios, lo cual le proporcionaba todo tipo de facilidades para dirigir los resultados a sus intereses: La formación de las mesas electorales, el nombramiento de interventores, la manipulación del censo electoral y de los resultados. La estabilidad del sistema dependía de ellas y por ello solían permitirse salvando la legalidad constitucional. No obstante, cuando convenía, eran utilizadas para abrir procedimientos judiciales a los concejales y provocar la suspensión en sus cargos.

De entre todos los caciques noveldense de primeros del siglo pasado, podemos destacar a D. Tomás Abad Alenda «El tío Tomás» que, junto con su hijo «Tomaset», y el resto de «tomasistas» controlaban el Ayuntamiento, el Casino y La Junta de Aguas. De origen obrero, regentó una destilería de alcohol en su ciudad natal y se dedicó al comercio de vinos y azafrán, llegando a abrir una sucursal en Bombay . Abad era comerciante, propietario e industrial. Sus hijos llegaron a establecer una casa de banca: «Tomás Abad y Hermanos».

El tío Tomás comenzó militando en el Partido Republicano posibilista a finales del siglo XIX (fue amigo de Maisonave y de Emilio Castelar) y en 1901, militando ya en el Partido Liberal, arrebató la alcaldía de Novelda a los conservadores. A la muerte de Sagasta defendió en Novelda la corriente conservadora del partido liberal, enfrentado en dura batalla a la otra facción más progresista del mismo partido liberal de Canalejas (liberales-demócratas), que en Novelda estaba liderada por D. Antonio Gómez Tortosa. Años más tarde, el tío Tomás se convertiría en jefe del Partido Conservador.

En función de la oportunidad que les ofrecía la política en cada momento, defendía la ideología de la conveniencia, pactando hábilmente con unos o con otros para seguir controlando el poder en el municipio: «En pueblos cual el nuestro, dominados por el caciquismo, el alcalde, por regla general es el que con mayor adeptos puede contar, y a tal circunstancia se deben, en primer lugar, los repetidos triunfos electorales que ha venido obteniendo Tomás Abad que, como es sabido, siempre ha ido unido con el Alcalde (de turno)».

Tras las elecciones de 1903, la mitad de los concejales del Ayuntamiento de Novelda eran del grupo del “tío Tomás”: además de su hijo, figuraban dos hermanos y dos sobrinos, entre otros familiares. Empleaban todo tipo de artimañas para forzar la voluntad de los electores. El semanal político de Novelda “Unión Republicana” denunciaba las prácticas de su hijo: «El caciquillo Tomás Abad Seller ha despedido a uno de los empleados en su oficina por el enorme delito de no querer estar a la puerta de un colegio electoral repartiendo papeletas de la candidatura monárquica».

MANIPULACIÓN DE LOS PROCESOS ELECTORALES

Semanas antes de las elecciones de 1905 se produjo un duro enfrentamiento entre los dos grupos del Partido Liberal por el control de la alcaldía de Novelda para manipular los procesos electorales convocados. Gracias a que Montero Ríos (de la corriente progresista del partido liberal) fue nombrado presidente del Consejo de Ministros, sus representantes en Novelda (los gomeztortosistas) lograron expulsar del sillón de la alcaldía a Tomaset, hijo del tío Tomás (de la otra facción del partido liberal). Para ello se aliaron con los conservadores del tío Juan, apoyando como alcalde a José Navarro Alenda para ejercitar el control sobre éste.

Los tomasistas habían estado ocupando el sillón menos de una semana, tras habérselo arrebatado a Vicente Rizo, el cual hacía dos meses que a su vez se lo usurpó a Jaime Cantó, quien había estado ocupándolo algo más de dos meses aprovechando la suspensión de Vicente Rizo en cargo de Alcalde. Esta maraña de nombramientos, ceses, suspensiones de cargo y presiones puede hacernos una idea de hasta qué punto podía alterarse la voluntad de un pueblo que, ya desde el momento de depositar su voto, estaba siendo manipulado.

Todo ello elevó la tensión política en la localidad a una lucha encarnizada entre las dos facciones liberales. La guerra entre el grupo de tío Tomás y el grupo de Gómez Tortosa, aliados en las anteriores elecciones de 1903, estaba servida. Así el proceso electoral transcurrió con numerosas irregularidades. «Hemos retrocedido treinta años en nuestras costumbres políticas. Las elecciones municipales verificadas el domingo último en Novelda constituyen una vergüenza para el pueblo que los soporta y algo más para los electoreros que, de modo tan burdo falsean el sufragio»

Días antes de las elecciones (siendo todavía "Tomaset" Alcalde) los tomasistas habían amañado el censo electoral, otorgando derechos electorales a menores de edad, a fallecidos y a vecinos que no lo eran de Novelda. También por medio de coacciones obligaron a los empleados del Casino a votar por su candidatura.

En el otro bando, los partidarios de Gómez Tortosa, aliados con los grupos conservadores de la localidad, no permitieron que los concejales tomasistas presidieran las mesas electorales, nombrando en su lugar a los alcaldes pedáneos. Por otro lado, se manipularon los resultados en el distrito de la plaza. Hubo 60 votos más que votantes censados. «Alegan algunos canalejistas que había que derrotar a Tomás y si para conseguirlo ha habido necesidad de apelar a procedimientos antilegales, bien empleados están».

LA PAPELETA EMBUCHADA

Un método que se solía practicar para alterar los resultados de las elecciones consistía en introducir en el interior de la papeleta doblada otra papeleta de papel más fino “papeleta embuchada”, de manera que en lugar de votar una vez fueran más. «Llegado el momento, votaron los señores que formaban la mesa y dio comienzo el escrutinio. Ocho o diez papeletas se habrían leído cuando dentro de una apareció otra de papel fino transparente y de tamaño más reducido. ¡El primer embuchado de la tarde!. Como ya por todos los presentes eran conocidas estas papeletas de embuche, la mesa acordó por unanimidad prescindir de ellas y leer tan solo las papeletas cubiertas.(…) En la sección 1ª, establecida en el salón de Sesiones del Ayuntamiento, ocurrió poco más o menos lo que acababa de suceder en la sección anterior. En aquélla como en esta, el público que asistía al escrutinio era numerosísimo. La salida del primer embuchado (el consabido papelito fino), fue saludada por el público con fuertes murmullos que se repetían cada vez que el presidente sacaba de la urna una papeleta de embuche».

Todos estos procedimientos llevaron a anular la votación de los cuatro concejales del distrito La Plaza , convocándose de nuevo elecciones parciales, gracias a las cuales y a que iban de la mano del alcalde, los gomeztortosistas obtuvieron mayor número de concejales que los tomasistas.

PATRULLAS ELECTORALES A LA CAZA DEL VOTO

En aquél entonces también existía lo que hoy día podríamos llamar campaña electoral, entendiéndose como las actividades practicadas para pedir el voto a una determinada candidatura; en aquellos años se formaban patrullas electorales que iban de casa en casa pidiendo el voto para su amo. Un crítica republicana de 1903 nos acerca a la manera en que se desarrollaban estas prácticas:

«Durante los últimos ocho días han aumentado, que es una barbaridad, las patrullas electorales. En grupos de dos o tres, una porción de electoreros de los más acreditados en cada uno de los partidos monárquicos de la localidad, salen todas las noches por esas calles de Jaime (el alcalde de Novelda), entran en todas las casas y piden el voto a todo el mundo con un descaro que… me hace de reír la frescura del Polo Norte. Pues ¿y el procedimiento que emplean estos politiquillos para captarse la simpatía del elector? El de siempre; en esto no hemos adelantado un paso. Seguimos en Novelda lo mismo que hace 25 años. Véase la diplomacia electoral monárquica:

Entra la patrulla en una casa; el jefe del bando o terno electorero saluda muy cariñosamente interesándose por la salud de toda la familia; para demostrar su amistad al elector, le da una palmadita en la espalda y enseguida le habla del tiempo que hace, del precio del vino, de la falta de lluvias y demás generalidades que sirven como de prólogo a la comedia que allí va a representarse. Y cuando comprende que el elector, no acostumbrado, fuera del periodo electoral, a semejantes amabilidades, se encuentra ya bastante enternecido, comienza el ataque: Los primeros tiros los inicia el que capitanea el grupo y si al segundo o tercer disparo el elector no se rinde, entonces la patrulla forma el cuadro alrededor del votante y cogen a éste entre dos fuegos. Promesas y amenazas; a buenas o a malas, toda clase de armas emplean estos sujetos para obligar al elector a que vote por el amo que allí los envía. Y cuando ya están convencidos que aquel voto no les sigue, procuran sacarle del cuerpo a qué candidato va a votar. Generalmente el elector contesta la verdad y entonces es de ver la fingida exclamación de alegría de los electoreros que, con frescura sin igual exclaman: ¡Pues si es todo una misma cosa! Si hubieras comenzado por allí no hubiéramos perdido el tiempo. Quedamos, pues, conformes y te anotamos en la lista y el domingo te esperamos en casa de Fulano y te harás una copita. Si el elector traga el anzuelo, un voto más; y si no ¿qué pierden ellos? Han servido al cacique, su dueño y señor, ¡y a la verdad, a los derechos políticos del hombre y a la sinceridad del sufragio, que los parta un rayo! Patrullas Electorales. Juan Palique. Unión republicana. Novelda, 7 de noviembre de 1903)

Francisco J. Moya Navarro

Fuentes documentales consultadas y fotografías: Periódicos de Novelda "Unión Republicana", "El Combate", "La Flecha"; Publicaciones: « Alcaldes Noveldenses del siglo XX» y «Noveldenses con Huella», ambos de Francisco Aldeguer Jover; y "Modernismo en Novelda"del Centro Cultura Gómez Tortosa")